
Es sabido que la izquierda chilena ha querido
establecer censura con respecto a la historia reciente, ya sea con respecto a
las personas que defienden el gobierno militar como fue la propuesta que tenía
la diputada comunista Karol Cariola, ya sea una ley para aquellos que niegan
los que ellos llaman ‘violaciones a los derechos humanos’ ocurridas en el
gobierno cívico militar. Esta última la comparan a las leyes que hay en Europa
sobre el negacionismo del Holocausto judío. Como se darán cuenta puse unas palabras
entre comillas, porque en realidad no se violaron los derechos humanos. Para la
gente de izquierda, el hecho de que los terroristas o guerrilleros hayan
matado, secuestrado y puesto bombas, donde salieron muertos o heridos civiles o
militares no constituye una violación a los derechos, pues los únicos que lo
hacen son los agentes del Estado. Quienes sí lo hicieron, están en la
izquierda. En esa misma línea de censura la cárcel a los historiadores. Habría
que incluir como censura la ley de incitación al odio tal como hicieron los
abogados de los derechos humanos de izquierda, cuando se presentó el documental
Pinochet. Según ellos, el documental incitaba al odio, no así la ideología del
Che Guevara.
Según su
versión, en el gobierno militar se violaron sistemáticamente los derechos y que
Salvador Allende era demócrata al estilo de los líderes de las democracias
occidentales. Ambas afirmaciones son falsas. La izquierda marxista leninista
quería reemplazar la democracia liberal que Chile tenía por la dictadura del
proletariado o una dictadura comunista.
Cualquiera
persona normal sabe que toda historia tiene dos caras de la moneda.
Afortunadamente, el máximo tribunal del país
rechazo la propuesta de la diputada comunista, quien como recordaran no tuvo
problemas en viajar a Cuba y sacarse una foto con el dictador Fidel Castro
junto Camila Vallejo.
Ahora bien, sobre el caso judío. Las leyes
que hay en Europa que castigan a las personas que dudan del holocausto judío
son atentado a la libertad de pensamiento, y, por tanto, a la libertad de
expresión. Me huele a gato encerrado. La verdad no necesita de la represión, ni
de la coerción para manifestarse. La verdad no depende de los sujetos o de la
subjetividad de cada uno.
Hay que recordar que a la izquierda opositora
del gobierno cívico militar era contraria al artículo 8 de la Constitución de
1980. El ámbito de ese artículo era
bastante restringido si lo comparamos con la censura que la misma izquierda
quiere imponer en todos los ámbitos como lo ilustra el historiador Gonzalo
Rojas en una columna.
El mismo historiador ha denunciado desde que
tengo el blog, que hasta los estudiantes de universidad ha vetado a profesores
que incluyan en su bibliografía libros que hablen bien del gobierno militar.
Lo que se les olvida a los académicos
mencionados, es la letra de la canción “La alegría ya viene”, en la que se
exaltaba la libertad de pensar. Si hasta los zurdos se olvidaron de ella.
La izquierda es que la niega todo. Niegan la vía
armada que ellos mismos eligieron sin miedo y sin temor escudándose hablando de
la violencia política en general. Niegan que un sujeto comenzó la violencia.
Así ponen en el mismo nivel aquel que usa la fuerza como legítima defensa
contra la violencia.
La izquierda es la niega que ellos quisieron
instalar una dictadura comunista. De ahí el escándalo que armaron el año pasado
por la muestra que hizo en el Museo de Historia, donde aparecía las palabras
del general Augusto Pinochet, en que celebraba que nos hayamos liberado del
comunismo.
Para cualquiera persona normal no cuestiona
el derecho defenderse. Es algo elemental de la raza humana. Pertenece a la Ley
Natural. Cuando los norteamericanos realizaron la operación Bahía de los
Cochinos para sacar a Fidel Castro, los cubanos comunistas tenían todo el
derecho a defenderse. Del mismo modo, el gobierno militar chileno tenía todo el
derecho del mundo a defenderse de los grupos terroristas que fueron entrenados
en los países comunista. Puesto que son freak las personas que están en la
izquierda, no les gusta que las personas en cualquier ámbito no se defiendan.
Según el historiador británico Antony Beevor:
“Ningún gobierno debería imponer una verdad histórica”. Dicho sea de paso, él
es contrario a ley europea que condena a la cárcel a quienes duden del
Holocausto. Si un gobierno impone un
relato, es porqué algo desea ocultar. El
historiador es conocido por sus libros Ahrhem, la batalla de los puentes 1944,
Berlín 1945. La Caída, Las Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler. En 1989
publicó un libro sobre la guerra civil española, el cual recibió comentarios
como el siguiente: “Se suele decir que la historia la escriben los vencedores,
pero en el caso de la guerra civil española quienes más lo han hecho han sido simpatizantes
de los perdedores”.
Ese
comentario lo podemos aplicar también a América Latina, luego que los militares
se tomaran el poder a raíz de la guerrilla o terroristas comunistas. Basta ver
que de vez en cuando los medios hablan de la Operación Cóndor ocultando la
agresión de la izquierda castrista que quiso imponer gobiernos comunistas,
previo un río de sangre. Están las palabras del argentino guerrillero Jorge Masetti,
quien al final de su libro El Furor y el delirio escribe: “Hoy puedo afirmar
que por suerte no tuvimos victoria, porque de haber sido así, teniendo en
cuenta nuestra formación y el grado de dependencia de Cuba, hubiéramos ahogado
el continente en una barbarie generalizada. Una de nuestras consignas era hacer
de la Cordillera de los Andes la Sierra Maestra de América Latina, donde,
primero hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores, y luego
a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo”.
La izquierda no tiene argumentos para
defender sus posiciones. De ahí la censura y la violencia. De ahí su afán de
imponer su visión a los demás. Si, en realidad hubiese intelectuales en ese sector,
tendrían que rechazar la absurda comparación del gobierno militar con la
Alemania nazi, en primer lugar. En segundo lugar, rechazar la comparación de la
izquierda marxista leninista de la Unidad Popular con los judíos perseguidos
por los nazis. Y, en tercer lugar, rechazar la propaganda de los grupos
terroristas chilenos que dicen que los perseguían por pensar distinto. Eso
último es más falso que el diploma de Bachelet de médico.
Ahora la izquierda es que la desea perseguir
a quienes piensen distinta de ella.
Puesto que perdió al hacer su revolución
comunista, tanto en España como Chile han intentado reescribir la historia.
En la
izquierda no hay historiadores, pues lo mínimo o máximo es que una persona con
credenciales académicas es que sea fiel a la verdad. Hacen propaganda.
La memoria es sesgada. Además, ¿por qué se ha
privilegiar la memoria de las personas de izquierda por sobre la derecha o de
los militares? La izquierda que saco esa ley tonta sobre la discriminación,
discrimina. El criterio es lo más arbitrario.
Cuando Ricardo Lagos gobernó y saco el inconstitucional
Informe Valech, mucha gente que vivió la Unidad Popular se quejaba a través de
las cartas al director, que ellos tenían otros recuerdos sobre ese período. Por
cierto, que no eran buenos. Muchas personas se habrán sentido como los
personajes de la novela 1984, en que le dicen más o menos: “Tú no tienes ese
recuerdo”. Me pasaba lo mismo, cuando conversaba con personas de izquierda en
la universidad. En fin, pura manipulación psicológica.
De la Guerra Civil española lo único que ha
quedado grabado es el asesinato del poeta Federico García Lorca, porque es de
izquierda y el bombardero a Guernica por Franco. Sin embargo, la izquierda
española omite que ellos también asesinaron a escritores y académicos.
Recientemente, nos enteramos por un medio español que los republicanos
españoles también bombardearon a civiles. Se trata de la localidad de Cabra.
Después los lugareños crearon una canción: “El día 7 de noviembre/Cabra se
bombardeó/por tres aparatos rojos/que Azaña mandó./Murieron pobres y
ricos/viejos y de los demás/muchos estaban en la plaza/buscando ganarse el
jornal.”
Lo peor del cuento de la memoria, es que la
izquierda impone su punto de vista. Si alguien altera su guión, por así
decirlo, se enfurecen. Eso lo hemos visto cuando se presentó dos veces el libro
sobre el Brigadier Miguel Krassnoff, donde la izquierda que dicen tolerantes y
partidarios de la diversidad, fueron a molestar en un acto privado. Lo mismo,
cuando se presentó el documental Pinochet. Sin embargo, no ocurrió nada
parecido, cuando en la Universidad de Chile presentaron una biografía del
terrorista, delincuente y fundador del Mir, Miguel Enríquez. Las principales
autoridades de la universidad se sintieron honradas. En cambio, para la
presentación del libro del preso político Krassnoff, incluso el ex alcalde
Labbé se incomodó porque se incluyó la palabra ‘homenaje’.
Luis Valentín Ferrada, uno de los abogados
del mencionado militar dijo que “se ha mantenida secuestrada la memoria de los
chilenos, hasta el punto de creérsela ya muerta”. Para fortuna de los chilenos, la Venezuela de
Chávez y Nicolás Maduro ha reproducido la fracasada Unidad Popular, con lo cual
muchos que ni habían nacido se dan cuenta que la memoria tal como plantea la
izquierda es un chiste y que la verdad histórica aparece.
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