lunes, septiembre 14, 2009

El otro 11 y una película















¿Qué relación guarda la propuesta de los ‘progresistas’ de cambiar el escudo nacional con la gesta del 11 de septiembre de 1973? Hasta el momento, no he encontrado ningún comentario de algún político o analista de derecha que vea un lazo entre los dos. He leído el comentario de Hermógenes Pérez de Arce oponiéndose al cambio. El escudo nacional reza así: “Por la razón o la fuerza”.

Desde que Chile llegó a la democracia, la Concertación y sus intelectuales orgánicos se han empeñado en cambiar la historia y los emblemas patrios, con el único propósito de no reconocer que el socialismo marxista tuvo tres cruces: fracaso, perdió y fue derrotado. ¿Y a quién apunto los dardos su estrepitoso fracaso? Uno de ellos es recurrir a la CIA, otro que las Fuerzas Armadas estaban sedientas glorias desde la Guerra del Pacífico, el otro es el escudo nacional. Si uno revisa la literatura que se publicaban a principios y mediados de los noventa, verán que los intelectuales de izquierda como los filósofos Martín Hopenhayn y Humberto Gianini culpan al escudo nacional, como el responsable de la intervención militar. Por ello, parte de la estrategia gramsciana ha sido, pues, colocar en los edificios públicos cuadrados con cubos. La propuesta del senador Nelson Ávila del PRSD viene de antes.

En este reciente y el último 11 de septiembre que le tocó presidir a la Presidenta Bachelet ha quedado demostrado que ella gobierna solamente para su sector político, no para el país. Sigue los pasos de Allende. Así como al marxista leninistas Salvador Allende le han vendido la imagen de ‘Presidente Constitucional’, cuando quebró la ley y la Constitución, así también se han empeñado en hacer creer al mundo que Bachelet es la ‘Presidenta de la Reconciliación’. El que diga lo contrario es un mentiroso. Por cierto, dicha campaña la comenzó la Iglesia Católica cuando salió electa Bachelet. En efecto, días previo al 11 de septiembre, la Presidenta asistió a la premier de la película ‘Dawson Isla 10’del cineasta Miguel Littin, basada en un libro del ministro de Allende, Sergio Bitar. Este último en el ‘avant premier “destacó la presencia de la Presidenta Bachelet y por ser un ejemplo de la superación humana y "la reconciliación". Nada más falso, pues la Presidenta ha sido la Presidenta del Odio. Después, el mismo 11 Michelle Bachelet volvió reiterar su mentira al homenajear y parafrasear a Allende: “Lo que aquí ocurrió no fue sólo una gesta histórica, fue un ejemplo que sirvió para la lucha contra la dictadura y a partir de ese ejemplo, 36 años después los chilenos hemos gestado un reencuentro mucho más genuino". La reconciliación ha significado venganza y tergiversar la historia, ya que no se ha aplicado la igualdad ante ley. Solamente, hemos presenciado veinte años de resentimiento y odio. Si ella hubiese mostrado gestos de reconciliación, hubiera indultado o bien amnistiado a los militares; cosa que el ‘progresismo’ se ha opuesto.

A propósito de película ‘Isla 10’, las palabras del actor Benjamín Vicuña que personifica a Sergio Bitar son hilarantes y absurdas: "Es una película que contribuye a la memoria, a saber de dónde vinimos para poder también construir un futuro mejor y no volver a equivocarnos. Para las nuevas generaciones que tuvimos que vivir con esta herencia, con esta mochila de lo que pasó, es una bonita película para poder debatir y reflexionar sobre la historia de nuestro país". En una entrevista a la CNN Chile, Vicuña dijo que la película era “tributo a muchos chilenos que soñaron con un país diferente”. Antes había dicho en los medios que se quería censurar esa parte de la historia. La izquierda ha convertido en tabú la violencia que ellos iniciaron en 1966. Otrosí, de censurar el período de 1966-1967 hasta el septiembre de 1973. Los izquierdistas sueñan, los otros tienen intereses. Afortunadamente, el sueño no se realizó o seríamos otra Cuba y una Corea del Norte.

De hecho, el actual aspirante a la Presidencia de la República, el socialista Marco Enríquez Ominami sostuvo que era “repugnante escudo nacional”.

La Presidenta Michelle Bachelet expresó manifiesto rechazo al emblema del escudo nacional, cuando fue el 58º aniversario de la Democracia Cristiana chilena: “Nos hemos unido para que nunca más la fuerza se imponga sobre la razón, para que prime el respeto a la dignidad de los ciudadanos, para que la cultura de la libertad sea la base de nuestra convivencia, para buscar la prosperidad del país,”.


Además, las palabras de la Presidenta son contrasentido, pues el partido que milita, esto es, el Partido Socialista y sus amigos, el grupo terrorista Mir, optaron por la violencia para imponer la dictadura del proletariado o un régimen totalitario de corte marxista leninista.

La situación era tan grave, que el ex Presidente Eduardo Frei Montalva y presidente del Senado señaló: "Nada puedo hacer yo, ni el congreso ni ningún civil. Desgraciadamente, este problema sólo se arregla con fusiles". Se había acabado la razón hace tiempo en la República. Dicho sea de paso, es deplorable el comportamiento de los DC en estos 11 de septiembre.

Ahora bien, puesto que la revolución tal como la entendía Lenin y Ernesto ‘Che’ Guevara’ no les funcionó, han intentado por todos los medios quitarle legitimidad a la victoria de sus enemigos. Del mismo modo, que le quitan legitimidad a los oficiales y suboficiales que combatieron el terrorismo guevarista, llamándolos ‘terroristas de Estado’. El socialismo leninista guevarista veían a los burgueses como enemigos, no eran adversarios, como después se vino a decir. Lo que hubo en Chile hace 36 años fue simplemente una rebelión contra un Gobierno que paso a llevar las leyes y la Constitución. Después de todo, a los ‘progresista’ o socialistas le gusta tener el monopolio de la rebelión. En Chile, gracias al almirante Merino tuvimos nuestra propia versión de la rebelión de Kronstad. La rebelión la comenzó la Marina.

El filósofo español don José Ortega y Gasset señalaba en uno de sus ensayos, cuyo nombre no recuerdo, “que la fuerza es la última ratio” en la política. En efecto, cuando ya no sirve la persuasión, ni el diálogo, lo único que queda es la fuerza, sobre todo, cuando un grupo minoritario quiso imponer un sistema totalitario en el país.

Parafraseando a la Presidenta, gracias al 11 de septiembre gozamos de la “cultura de la libertad” y no de la esclavitud.

Espero que el día de mañana por el bien de la República saquen la estatua de Allende y le cambien de nombre al Salón Blanco de La Moneda, ya que Allende dijo: “Yo no soy el presidente de todos los chilenos, soy el presidente de la Unidad Popular”.

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