viernes, mayo 02, 2014

¿Totalitarismo en Democracia?


*Julio Bazán Álvarez

 Definiciones: 
Diálogo: 
3. m. Discusión o trato en busca de avenencia.
Avenencia: 
1. f. Convenio, transacción.
 El Ministro del Interior ha informado que” “…vamos a dialogar, pero un diálogo con sentido, para avanzar en el programa que recoge una demanda mayoritaria de la ciudadanía”. (Un cambio en el lenguaje: “el pueblo” se cambia por “la ciudadanía” igualmente vago y demagógico). 
 A raíz de esto hago la siguiente reflexión:
 La Real Academia Española define al totalitarismo como: “1. m. Régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos”. 
Esta definición se refiere a sistemas políticos; distintos autores (generalmente de izquierda) los asimilan a los regímenes nazistas y fascistas del siglo XX. (Se olvidan de los totalitarismos socialistas). 
Recurriendo a las definiciones que la RAE da de las palabras “total” e “ismos”. Define “total”: “General, universal y que lo comprende todo en su especie”. Por su parte define el sufijo “ismo”: “Forma sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos”. Nos permitimos, por tanto, sustantivar “totalismo”, que, si bien no está en el diccionario de la RAE, se usa en psicoterapia para la comprensión del sujeto en su totalidad, sin disgregar sus conductas, disociándolas de esa totalidad. 
 Como creencia o estructura psicológica, definiremos “totalismo” como una convicción compulsiva que hace que el individuo genere un pensamiento psicopolítico que lo comprende todo, es general, universal y, por lo tanto, exclusivo y excluyente que, por su esencia, tiende a ser dogmático.
 El totalista está condicionado a imponer su visión del mundo y de la sociedad a todos, dado que esa visión lo comprende todo, lo soluciona todo, integra todo, teniendo como núcleo central su propio pensamiento y convicción. Es tal la fuerza de esta convicción que concluye, fatalmente, en que nada ni nadie puede resolver el problema vital de la sociedad sino él mismo.. 
La tendencia natural del “totalista” es conquistar, cada vez más, espacios de poder que le permitan imponer sus soluciones a los problemas derivados de la convivencia humana. El objetivo último es, obviamente, el poder total. 
En la conciencia del totalista no cabe duda respecto de qué es lo conveniente para la vida de los demás y concluye, consecuentemente, que sólo él o ellos deben, desde el poder total, ordenar la sociedad sin importar los medios que empleen para ello. La secuencia del proceso conduce a realizar acciones para imponer su visión y, por tanto, sus soluciones de conductas y comportamientos, a todos. El totalista es un apóstol dogmático de la totalidad, de manera que no concibe que existan otras soluciones, en materias trascendentes o contingentes, que las que los totalisitas creen.
 Surge, como lógica consecuencia, el totalitarismo, en que grupos organizados de totalistas, que comparten un mismo pensamiento orgánico, se hacen cargo de la conducción de las vidas de los demás componentes del cuerpo social. 
 Pero el totalitarismo se ejerce desde el poder político, no es posible que exista totalitarismo si no existe un Estado totalitario, es por tanto necesario que los totalistas accedan al poder, el proceso de este acceso es relativamente simple: en los programas que proponen existen soluciones para todas las aspiraciones de las grandes mayorías, sus propuestas son atractivas para el votante medio, que no hace análisis de factibilidad de esas propuestas, que vive agobiado por la falta de soluciones concretas a sus problemas y a sus aspiraciones personales y familiares básicos, las propuestas están impregnadas de la confrontación entre ricos y pobres, entre trabajadores explotados y empresarios “chupasangre” explotadores; comunicacionalmente se insiste en definir a los “ricos”, catalogando de “derechistas” a quienes tratan de factibilizar las propuestas sociales, políticas y económicas que los totalistas tratan de imponer, se produce un proceso psicosocial de la mayor trascendencia, los totalsitas consiguen el respaldo popular a sus propuestas de solución, al no lograr éxito con estas, no coligen que esta falta de éxito es el fracaso de sus ideas, concluyen que no ha sido posible lograrlo por razones externas a ellos, lo que los conduce a apropiarse del poder para tener el tiempo necesario que permita demostrar el éxito, se sigue un estado letárgico de los pueblos que, acompañado de la adicción al poder de los totalsitas que terminan transformados en totalitarios, sostiene el régimen totalitario…..hasta que cae después de grandes sufrimiento de aquellos que alienaron sus voluntades en favor de los totalistas y sus “utopías” imposibles de cumplir. Nace el socialismo real de Alemania Oriental, de la Unión Soviética, del Castrismo . El Siglo XX es rico en tales situaciones políticas y, más recientemente, vemos cómo se extienden en nuestra América expresiones renovadas de este ejercicio dialéctico. 
 La fuerza de la convicción totalista es extremadamente potente: todo les es aceptable para lograr los fines que su ideario totalista les impone, se transforman en dueños del Estado, de los bienes del Estado, de la maquinaria del Estado, los empleos del Estado son utilizados para conseguir, disponer y mantener el Poder. El fundamento del totalismo socialista es, desde un punto d vista filosófico, el Materialismo y el Determinismo Histórico, desde un punto de vista factual, ser representantes del “pueblo”, (Insisto, modernizado: ciudadanía) (en el lenguaje de izquierda, no es un ente claramente definido, sino una elucubración vaga y difusa): 
 Se llega así a una pregunta clave: ¿Puede existir un régimen político totalitario si no existe un pensamiento totalista encarnado en personas que determina la acción de esas personas?, ¿que dominan y controlan el Estado y que crean regímenes totalitarios? La respuesta es clara: no es posible.
 Pero, surge una nueva y lacerante pregunta: ¿Puede el totalismo expresarse en formas más sutiles que la brutalidad de los regímenes “totalitarios” (nazismo, estalinismo, castrismo), dado que un régimen totalitario como los señalados se hace, prácticamente, imposible de implantar en el Chile de hoy? 
Se puede.
 La convicción totalista ¿Se extingue en democracia? es decir, en un régimen democrático ¿existen las creencias totalitas y, por consecuencia, las acciones que generan estas convicciones? El concepto moderno de totalitarismo nace de la definición de Mussolini del “Gobierno Total”, es decir de la aplicación desde el Estado de la totalidad del pensamiento de una persona o de un grupo de personas en una sociedad determinada y, para esto, utilizar todos los medios necesarios, justificados por la certeza de que, el pensamiento orgánico de ese grupo de personas (totalismo), es el único aplicable para la “felicidad” social. Si aplicamos estas reflexiones a la realidad chilena actual podremos encontrar signos evidentes de que el pensamiento totalista está plenamente actuante, que los partidos de gobierno consideran que son dueños de la verdad absoluta en materias contingentes que atañen a la vida personal de cada chileno. En definitiva, que son dueños del Estado y de la Nación. 
El Siglo XX fue testigo de totalitarismos de distinto signo: nazista fascista y leninista estalinista. 
 Sin duda el totalismo socialista no murió con la transformación de Rusia, ni con la caída del muro de Berlín, sencillamente ha encontrado otras vías de acción. La democracia les permite actuar sin pudor en la expansión y ejecución del totalismo, de su ideario que condujo al régimen estalinista y al castrista. 
Se trata de controlar a los poderes públicos con la “voz del pueblo”, (ahora también llamados los “movimientos sociales”.) Se generan organismos de fachada que dicen representar a determinados grupos sociales: se inicia una movilización social por un determinado tema de alta sensibilidad ciudadana, al movimiento se van adhiriendo los organismos de fachada que se autodefine como “actores sociales” (generalmente dirigidos por miembros del Partido Comunista), que imponen políticas públicas que representan el pensamiento totalista. Un ejemplo claro es la movilización iniciada por estudiantes para el mejoramiento de la educación, que no muestra caminos realistas para lograr un mejoramiento de la calidad, sino que se transforma en un petitorio de tipo político totalista en que se adoptan las posturas más extremas para dar la sensación que “el pueblo” (los ciudadanos), lo que quiere es la estatización y el control estatal de la educación. Cabe preguntarse ¿Cuál es el respaldo real que tienen estas posturas en la base social? ¿Se quiere legislar con imposiciones socialistas al Parlamento, abusando de una mayoría circunstancial? ¿Quién define el límite para estas acciones? ¿O será que el eslogan de que paguen los ricos para que tú tengas todo gratis es el programa de la actual presidenta aprobado por la mayoría de los votantes? 
Si a lo anterior sumamos las prácticas comunicacionales dirigidas desde el Gobierno y desarrolladas a través de casi todos los medios de comunicación social por la manipulación del lenguaje periodístico, al margen de quienes sean propietarios de dichos medios, nos encontramos con el totalismo socialista instalado en la actualidad cotidiana penetrando mentes y pensamientos del ciudadano medio. 
Si bien lo expresado en párrafos anteriores son expresiones del uso del poder por los totalistas no es, ni remotamente, lo más grave que pasa en Chile desde el punto de vista de lo tratado. 
En efecto, las manifestaciones más graves y dañinas para nuestra sociedad son aquellas que se refieren a los cambios sustantivos que se impulsan para destruir los valores e instituciones que sustentan nuestra convivencia. La destrucción de la familia, el permanente ataque a las Instituciones, la destrucción sistemática y arrogante de lo que se ha hecho en Chile, la reinstalación de la lucha de clases como argumento de respaldo a sus propuestas. 
Esto está pasando en Chile, hoy, en este momento, ha pasado en la Cámara de Diputados, pasa en el abuso que impone la mayoría parlamentaria, se manifiesta en la veneración del “programa”, que nadie conoció durante la campaña y que hoy aparece con propuestas que, en criterio de muchos y serios chilenos, son aberrantes. 
El ministro Arenas no es demócrata. El ministro Peñailillo, no es demócrata, utilizan la predisposición al diálogo solo como un espacio para que se respalden sus programas dogmáticos. 
Chile está en manos de los totalistas de izquierda. 

* Julio Bazán Álvarez es autor de los libros "Lo Derrocó el Pueblo" y "¿Es Mapuche el Conflicto?". Ambos libros de la Editorial Maye.

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jueves, abril 24, 2014

El cuento del tío de la Izquierda chilena



Para algunos les sorprende que políticos de la ex Concertación se haya izquierdizado tanto como barrer lo que hicieron cuando fueron gobierno, como el actual ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre. La coalición que gobernó durante veinte años estuvo conformada por la Democracia Cristiana y la ex Unidad Popular. En materia de derechos humanos seguían al Partido Comunista, que estaba excluido de esa alianza. La DC chilena a diferencia de la Democracia Cristiana alemana es un partido de Izquierda. La DC chilena tenía un programa similar a la Unidad Popular, sólo que era estatista, según ellos. Eran estatistas más no totalitarios. Sin embargo, de nada sirve la distinción entre totalitario y estatista, cuando éstos últimos eliminaron el artículo que resguardada la propiedad privada. Alguien me puede decir, ¿cómo distinguir o separar la línea entre el estatismo y totalitarismo, cuando no hay ningún dique o contrapeso al poder? El primer límite al poder es el respeto a la propiedad privada. Y es donde nacen las demás libertades.

Eugenio Tironi, Ricardo Lagos, Nicolás Eyzaguirre y otros más nunca cambiaron.

Hay que recordar que el Partido Comunista se demoró más de treinta años en tener a los demócratas cristianos como aliados.  La agenda de la Nueva Mayoría la maneja el PC, lo que digan los DC vale un rábano.  Eso quedo demostrado en la fallida designación de una sub secretaria de Educación por tener vínculos con el lucro. Así, lo vemos por ejemplo, en la pugna de los dos sectores al interior de la coalición. Mientras la Izquierda radical propone hacer la política imponiendo, recordando el lema ‘Avanzar sin transar’ de la Unidad Popular, los DC quieren dar la impresión que desean escuchar las propuestas de la derecha, siempre y cuando acepten de las reformas o el programa de Bachelet. Sí o sí. La última declaración  que leí al estilo de la UP vino del diputado comunista, terrorista confeso del FPMR y vocero de la Nueva Pillería, Guillermo Teillier, quien dijo: “Estamos dispuestos a dialogar, pero no para volver a la política de los consensos”. Obvio, si hay esto último se acaba la Revolución chavista que lidera Bachelet. Ahora no emplean la palabra ‘revolución’, sino que usan otras expresiones como el “nuevo ciclo que vive Chile”. El oficialismo saco apenas un 26% de los votos, pues la mayoría no quiso votar hablan de que “la ciudadanía ha votado por un programa de gobierno, ha votado por el cambio, ha votado por transformaciones importantes en Chile”. Esas palabras son del ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo. Y otras del matón de la retroexcavadora y diputado del PPD, Jaime Quintana: "en 7 días hemos visto un gobierno que ha cambiado el clima del país".
El fallecido columnista y economista, Álvaro Bardón se moriría de la risa al escuchar las palabras de Peñailillo o Quintana. Parafraseándolo, estaríamos en una  Revolución Cultural al estilo que hubo en la China de Mao. Cada vez que sale electo un gobierno de Izquierda hay una Revolución, no así cuando llega un  gobierno de Derecha. Eso lo podemos ver claramente, cuando Margaret Thatcher llegó al poder, y cuando lo hizo Bachelet. Solamente hay que leer a las feministas de Izquierda. Y si Matthei hubiese llegado antes de la ayudista del FPMR, no sería una Revolución.

La Nueva Mayoría está conformada por los demócratas cristianos (los malos), pues los buenos están en la oposición, la ex Unidad Popular con su dos partidos, el Partido por la Democracia y el Partido Socialista, y el Partido Comunista.
La Izquierda chilena les hizo creer, desde los noventa,  a sus compatriotas que ellos no eran los mismo de la Unidad Popular. Habían cambiado aparentemente. Respetaba la democracia liberal y el modelo económico instaurado por los militares, después del debacle del gobierno de Allende y los cuarenta años de socialismo que habían dejado el país en la ruina.
Por una parte, la Izquierda reemplazó a Lenin, a Louis Althusser, a Marcuse por Bobbio, John Stuart Mill, Anthony Giddens y el filósofo norteamericano, John Rawls. Hasta el mismo Karl Marx lo desecharon. Lenin fue, asimismo, reemplazado por el pensador Antonio Gramsci. Y, naturalmente, el filósofo Gianni Vattimo.  La Revolución violenta fue reemplazada por la Revolución Cultural, sin que el otro lado se diese cuenta. Y parece que nuestros representantes todavía no lo reparan.
La Izquierda chilena no tiene nada que ver con el laborismo británico, al laborismo de Estado de Israel o con el Partido Demócrata norteamericano. Si la Izquierda chilena quisiera parecerse a los partidos mencionados, tendría que renegar del gobierno de Salvador Allende, quien fue marxista leninista, y no socialdemócrata ni liberal. Y eso no lo han hecho. Al contrario, a medida que pasan los años, se sienten orgullosos y lo justifican como especie de excepción durante de la Guerra Fría. ‘Por excepción’ quiere decir que no estaban por el bloque comunista y por el Mundo libre, lo cual es falso. Cuando eran la Concertación nunca pidieron perdón por los atropellos sistemáticos a los derechos humanos cometidas por la Unidad Popular. Además, la Nueva Mayoría desea que revivamos ese nefasto gobierno.

Se imaginan al laborismo británico eliminando la Carta Magna y el Hábeas Corpus, que impidió que el rey Juan sin Tierra expropiase de la tierra de los nobles porque se le daba la real gana. O se imaginan al Partido Demócrata eliminado los Bill of Rights. La Nueva Mayoría desea hacer barrer todos los límites. En ese sentido, el oficialismo se parece al monarca Juan Sin Tierra que cobra impuesto por cualquiera cosa, por una parte, y por otra, porque estaba interesado por incrementar su poder.

En realidad, nunca hubo renovación. Cambiaron de estrategia, mientras copaban las universidades, el poder judicial y la prensa, los cuales fueron, precisamente, los sectores que se opusieron a la Unidad Popular.
Para entender la historia política de los últimos cuarenta años, hay verlo con el principio aritmética de la conmutatividad: a + b = b + a. Mejor dicho con el principio de la identidad A= B = C.

A = La Unidad Popular y los DC que los apoyaban. El PC estaba en la UP.
B =  La Concertación La Unidad Popular mas los DC. El PC estaba fuera de la Concertación. Votaba por ella para que no saliera la Derecha.
C= La Nueva Mayoría: Democracia Cristiana, Socialistas y el Partido Comunista.

Alguien escribió que la Nueva Mayoría no era la Concertación. A decir verdad, lo eran. Eran los mismo más no se sacaban las máscaras. Estaba haciendo un personaje que baja los aranceles, firma tratados de libre comercio, se ufanan de que los feliciten en el extranjero, mientras internamente, se sienten autoflagelantes, porque no les gusta administrar el modelo económico que heredaron de los miliares. Ver las columnas de Hermógenes Pérez de Arce de los noventa recopiladas en el libro “Contra la Corriente”. Hasta hace poco se vanagloriaban de que por primera vez los chilenos tenían tantas oportunidades y que por primera vez el país creara tanta riqueza.
Por eso sostengo que la Izquierda le hizo al país el cuento del tío. La expresión ‘el cuento del tío’, según Wikipedia, es el nombre que se le da en Argentina, Chile y Bolivia a estafa. Así lo resume: “aprovecharse de la inocencia y codicia de la víctima y una gran capacidad del estafador de actuar y contar un historia creíble”.

La Izquierda no cree en la democracia liberal y en el capitalismo. Para lo primero acabar con los altos quorum que protegen los derechos humanos de primera generación: la libertad, la vida y la propiedad. Para lo segundo, ocupar la retroexcavadora como consecuencia de reformar la Constitución que protege los derechos mencionados.
La Izquierda siempre ha tenido un objetivo y un programa, además de la perseverancia. Y eso lo hemos visto en las recientes reformas al voto a los chilenos que residen en el extranjero y al sistema electoral.



La Nueva Mayoría que es una minoría de acuerdo al número de votantes, pues ni siquiera saco el 50% + 1, quiere el poder total.





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martes, marzo 11, 2014

Un futuro sombrío


  “Teniendo presente, las circunstancias oscuras que vive nuestro país,”
       (Del blog movimiento10septiembre)

 Al asumir por segunda vez el sillón de O’Higgins, Michelle Bachelet las cosas no se le presentan auspiciosas para el país. Daré solamente dos razones. Antes que Bachelet asumiera el poder los matones de la Confech, que es la fachada del Partido Comunista, han anunciado su programa de manifestaciones durante este año. Esa no es una de las razones. Sin embargo, vaticina el ambiente hostil que viene a partir del 11 de marzo de este año. 
La candidata Bachelet, la ex ayudista de los grupos terroristas Mir y FPMR , en su campaña presidencial había dicho que ella no iba aplicar la Ley Anti Terrorista. Considerar, no obstante, que el crimen del matrimonio Luchsinger-Mackay era " un asesinato horrible". Pues, para ella: “creo que la legislación que Chile, frente a todo asesinato, sea hecho acá en La Araucanía o en Providencia o en Arica, las leyes que tenemos son lo suficientemente fuerte para que se apliquen en un caso de asesinato. No necesitamos la ley Antiterrorista. Creo que la legislación que tenemos contra cualquier persona que asesina a alguien es suficientemente potente". Ni siquiera le creo que haya conmovido el crimen.
 Las personas de Izquierda nos quieren hacer creer que a un terrorista se le tiene aplicar las leyes comunes que hay para los delincuentes. Este criterio lo aplicó la Concertación cuando llegó al poder, arguyendo que los terroristas presos por la Justicia Militar eran delincuentes comunes; cosa que la derecha se lo creyó. Por eso, no puso reparo a los indultos, salvo por el senador asesinado Jaime Guzmán. ¿Bachelet considera un asesinato horrible el crimen del ex intendente y general Carol Úrzua? ¿El presidente electo, Bachelet considerara un asesinato horrible la muerte del joven dirigente del Partido Nacional en manos de sus amigos del Mir, Rolando Matus, cuando ella era estudiante de medicina en la Chile, en tiempos de la UP? ¿Considera como un asesinato horrible los cientos de carabineros acribillados por sus amigos terroristas desde la segunda mitad de la década del sesenta hasta hoy día?
 Recientemente, el nuevo ministro de Interior del segundo gobierno de Bachelet o de la Nueva Mayoría, Rodrigo Peñailillo dijo: "nosotros creemos que la ley antiterrorista no está para resolver los conflictos sociales del país, y por lo tanto la ley vigente en Chile tiene la fuerza necesaria como para resolver, investigar y sancionar los distintos problemas". No es novedad lo que ha dicho el futuro ministro, sino que al terrorismo que hay en La Araucanía lo llama ‘conflictos sociales’. Me hizo recordar las palabras de Salvador Allende a los terroristas del Mir que indultó, llamándoles ‘jóvenes idealistas’. Por tanto, los terroristas caen en la categoría de los así llamados Movimientos Sociales que protestan ‘pacíficamente’ por la Alameda, en Santiago, o en la avenida Pedro Montt, en el puerto de Valparaíso.
En el mismo tenor, que el futuro presidente, del ministro del interior, son las palabras del futuro intendente de La Araucanía, Francisco Huenchumilla, un político demócrata cristiano, quien dijo: "la violencia no puede ser un motor para solucionar los problemas sociales (...)”. En otras palabras, aplicar la ley es sinónimo de violencia. Se parece al discurso de la Izquierda de la década del sesenta, basándose en Lenin, el Che, cuando se referían a la violencia burguesa con respecto a las fuerzas policiales. La respuesta de los revolucionarios era responder la con violencia revolucionaria. 
 La periodista de derecha, Nena Ossa en el libro “Allende Thank You…!” que publicó en el 2009, cuenta que ella con un grupo de gente fue a la región de la Araucanía, pues allí ardían las papas, con los fundos “tomados”. Cuenta que fueron a hablar con el alcalde de Temuco, Germán Becker, quien les dijo que el Gobierno de Allende les había dado instrucciones a Carabineros, “prohibiéndoles defender de las tropelías del Mir a los dueños de los fundos “tomados””. ¿Les suena este discurso? Agrega que los santiaguinos todavía no sopesaban las consecuencias políticas de esas acciones ilegales a principios del gobierno marxista. Después tiene una entrevista con el director del Diario Austral, Raúl Gallardo, quien les confirma “la orden dada de NO INTERVENIR, con mayúscula” a los carabineros. El director les cuenta que el Mir empleaba los trabajos de verano de los estudiantes con el pretexto de alfabetizar a los habitantes de Cautín. Tanto para Nueva Derecha como la Nueva Mayoría, o Nueva Minoría prefieren mil veces que muera o sea asesinado los dueños de tierras de origen o descendencia europea, o huinca a que condenar a un terrorista con la correspondiente ley. Esa es la verdad. 
 Algo parecido dice el periodista norteamericano sobre la lejanía con que se veía la violencia en el sur, James Whelan en su libro ‘Desde las Cenizas’, a propósito de las ‘tomas’ que afectaban al otro, y no al citadino en 1971: “Chile estaba, en realidad, disfrutando de cierto auge económico y, a menos que uno estuviera entre los pocos cientos cuyas propiedades les habían sido arrancadas de las manos, o si uno no era muy quisquilloso respecto a la letra de la ley, entonces, “ese dique de papel”, el Estatuto de Garantías, estaban aún vigente y, después de todo, el desastre no se había dejado caer sobre el país”. Creo que para muchos chilenos de la zona central, ‘las tomas’ que hacen a la propiedad privada los terroristas mapuches o encapuchados, la quema de camiones, maquinarias y establecimientos hasta la muerte del matrimonio Luchsinger-Mackay lo ven lejana, Con todo, la televisión acerca las distancias o las acorta. 
 Después la comitiva de Nena Ossa se encamina hacia Valdivia, pues habían escuchado que hubo enfrentamiento entre el Ejército y los miristas. El capitán desmintió tal encuentro. Y luego les dijo: “Nosotros podríamos atacarlos fácilmente, pero el gobierno nos prohíbe actuar contra el MIR”. La periodista quería reunirse con el comandante ‘Pepe’ que estaba Líqueñe. Y así les gusta decir que tanto el Partido Socialista como el Mir obstaculizaron a Salvador Allende. O bien, los políticos y académicos afeminados o maricas, les gusta decir que el presidente marxista fue débil. El Partido Socialista, el Mapu, el Mir, Allende y las otras Fuerzas de Choque como “Elmo Catalán”que tenía la UP eran lo mismo. La UP era un monstruo con varias cabezas. Lo mismo es la Nueva Mayoría.


La periodista Mirna Schindler de CNN Chile dijo de vuelta de Venezuela que la situación que vive ese país no se compara con el Chile de la Unidad Popular. Tanto allá como en los 1000 días del gobierno marxista las clases medias se rebelaron. La infiltración cubana es evidente. Se sorprendió que un guerrillero tupamaros la parara en la calle. Según Whelan: “Desde los primeros días de su Presidencia, cientos y luego miles de simpatizantes peregrinaron a esta nueva Meca de la revolución mundial. Algunos…románticos que soñaban despiertos; otros eran terroristas empedernidos, que en ese momento eran fugitivos de sus países de origen: se estima que llegaron unos 700 tupamaros de Uruguay, montoneros de la Argentina”. Para que no crean que es una invención, la editorial izquierdista Lom publicó en el 2003 el lbro ‘Chile Roto Uruguayos el día del Golpe en Chile’, cuyos autores Eleuterio Fernández Huidobro y Graciela Jorge Panacera fueron militantes de ese grupo terrorista uruguayo. Las clases medias se oponen a caer en la esclavitud comunista. En esa oportunidad, los periodistas de ese canal recordaron el golpe de Estado que sufrió Chávez. Sin embargo, omitieron el que le hizo Chavez al presidente Carlos Andrés Pérez.
 El hecho que haya omitido la influencia cubana, nos ilustra que Mirna Schindler es una activista del castrismo. Cuatro hechos prueban. Primero, las propias declaraciones de Chávez en vida del socialismo del siglo XXI, que es socialismo marxista leninista del siglo XX; segundo, un excelente artículo del escritor cubano, Carlos Alberto Montaner ; tercero, están las palabras del viceministro del Área Social y ministro de Educación del régimen chavista, Héctor Rodríguez quien manifestó hace poco: "no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos". Y, por último, hace dos semanas, cuando empezaron las manifestaciones en Venezuela, escuché por la radio, a un dirigente opositor al régimen chavista, quien acusaba de llevarlos a Cuba. 
 Mónica Schindler está al servicio de la Revolución y no de la verdad, como diría Allende. 
 Es frecuente en las personas de la Izquierda culpar al otro de sus propios fracasos. El ejemplo más elocuente es el fallido intento de instalar un gobierno totalitario en la Unidad Popular, donde culpan a Estados Unidos, la CIA, a los empresarios, a la derecha y quien se les de las gana. La periodista Nena Ossa en el libro nombrado cuenta que desde Allende asumió el poder el sectarismo y la intolerancia empezó a apoderarse del país, empezando con la propia gente de Izquierda. Ahora bien, recientemente el secretario general del Partido Comunista Juan Andrés Lagos, dijo desde Cuba, mientras presenta su libro Pretextos de una Revolución Democrática: “La presidenta Bachelet está dispuesta a hacer cambios para enfrentar las desigualdades estructurales que tiene nuestro país, pero no descartamos que se produzcan situaciones de polarización, como en Venezuela”. 
 Ante tan sombrío horizonte, lo mejor es que el gobierno de Maduro caiga, por las buenas o por las malas. Con lo cual, el castrismo y el Foro de Sau Paulo no tendrá ramificaciones en América Latina. Y lo mejor para el país, es que al segundo gobierno de Bachelet le vaya mal, ya que estaremos a merced de los matones de los Movimientos Sociales que son la base de la Nueva Mayoría o Nueva Minoría. Además, porque no va aplicar la ley ante los terroristas y porque van a llevar al país a un ambiente enrarecido, que no se veía desde la Unidad Popular. Las palabras de buena crianza no valen ante estos matones.

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